España pierde el estatus de país libre de sarampión por casos importados y transmisión prolongada no rastreada: Sanidad actualiza su plan frente al repunte del virus

Los casos se han multiplicado y el virus vuelve a circular de forma sostenida, especialmente entre personas no vacunadas.
Aunque las coberturas vacunales son altas, la OMS alerta de cadenas de contagio difíciles de rastrear y brotes ligados a casos importados que han reactivado la circulación del sarampiónAunque las coberturas vacunales son altas, la OMS alerta de cadenas de contagio difíciles de rastrear y brotes ligados a casos importados que han reactivado la circulación del sarampión
Aunque las coberturas vacunales son altas, la OMS alerta de cadenas de contagio difíciles de rastrear y brotes ligados a casos importados que han reactivado la circulación del sarampión. Foto: Istock

La reaparición del sarampión en España marca un retroceso inesperado en la lucha contra una de las enfermedades infecciosas más contagiosas del mundo. Tras casi una década considerada libre de transmisión endémica, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha retirado a España el estatus que certificaba esa condición. La causa: un aumento continuado de casos durante 2024, con cadenas de transmisión que no han podido ser rastreadas con claridad y brotes que han puesto en evidencia las grietas del sistema vacunal.

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El Ministerio de Sanidad ha recibido el veredicto del Comité Regional Europeo de Verificación, el organismo de la OMS encargado de evaluar el avance de los países en la eliminación del sarampión y la rubeola. Y no hay margen para interpretaciones: España vuelve a formar parte del mapa de países con circulación endémica del virus.

La notificación ha encendido las alarmas, pero también ha activado los mecanismos institucionales. Aunque el país mantiene coberturas vacunales elevadas a nivel nacional, el descenso por debajo del 95 % en la segunda dosis de la vacuna triple vírica en algunas regiones, sumado a la aparición de bolsas de población sin inmunizar, ha facilitado la reaparición del virus.

En 2024, se notificaron oficialmente 227 casos confirmados de sarampión en España. Una cifra que, por sí sola, podría parecer modesta, pero que representa un salto notable respecto a los 11 casos detectados en 2023. Más preocupante es la tendencia: en 2025, hasta finales de diciembre, se registraron 397 diagnósticos confirmados, lo que consolida un repunte que ya no puede atribuirse al azar ni a episodios aislados.

El análisis epidemiológico revela un patrón inquietante. Casi un cuarto de los casos de 2024 fueron importados desde países con brotes activos, como Marruecos o Rumanía. Otros tantos estuvieron directamente relacionados con esas importaciones. Pero un 32 % no tiene un origen claro, lo que sugiere una transmisión local prolongada. Es precisamente esa imposibilidad de trazar la cadena completa de contagios lo que ha llevado a la OMS a concluir que España ya no puede considerarse libre de transmisión endémica.

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Detrás de este retroceso hay varios factores que se entrelazan. El primero, la caída puntual de las coberturas vacunales en ciertas comunidades autónomas y en colectivos específicos. Aunque la media nacional es alta, no lo es en todas partes por igual. Algunas regiones como Baleares, Aragón o Canarias registran tasas por debajo del 90 %, y dentro de ellas hay barrios, grupos o comunidades donde la vacunación es aún menor.

A esto se suma la movilidad internacional. Con una Europa en la que los casos de sarampión se han multiplicado por diez en solo un año —más de 35.000 casos en 2024 frente a menos de 4.000 en 2023—, los viajes y migraciones han reintroducido el virus en zonas donde había desaparecido. Y si se encuentra con personas sin inmunizar, el sarampión no tarda en propagarse.

Además, hay un elemento menos visible pero no menos importante: el desgaste del sistema sanitario tras la pandemia. El frenazo temporal de muchos programas preventivos, las dificultades de acceso en ciertos entornos y el impacto de la desinformación sobre vacunas han creado un caldo de cultivo perfecto para el resurgimiento del virus.

Uno de los brotes más significativos en España durante 2024 se produjo en una comunidad infantil con baja cobertura vacunal. El brote afectó a 52 personas y se prolongó durante tres meses, demostrando que el virus sigue teniendo capacidad para expandirse rápidamente si encuentra un hueco. A pesar de los esfuerzos de contención, no todos los casos pudieron vincularse epidemiológicamente, un indicador claro de transmisión sostenida.

Frente a esta situación, el Ministerio de Sanidad, junto con el Instituto de Salud Carlos III y las comunidades autónomas, está revisando y actualizando su plan estratégico para la eliminación del sarampión y la rubeola. La estrategia pasa por reforzar la vacunación, especialmente en la segunda dosis, intensificar la vigilancia epidemiológica y aumentar la sensibilización de la población.

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La vacuna triple vírica, que protege contra el sarampión, la rubeola y las paperas, sigue siendo la herramienta más eficaz. Pero su efectividad depende de que se administren las dos dosis correspondientes. En 2024, el 70 % de los casos confirmados en España no estaban vacunados, y un 10 % adicional tenía solo una dosis. Entre estos últimos, muchos eran profesionales sanitarios, lo que añade una capa de complejidad al problema.

El sarampión no es una enfermedad leve. Aunque la mayoría de los casos se resuelven sin complicaciones, puede provocar neumonía, encefalitis e incluso la muerte, especialmente en menores de cinco años y adultos no inmunizados. Además, su contagiosidad es altísima: una persona infectada puede transmitir el virus a entre 12 y 18 personas susceptibles en su entorno. De hecho, otros estudios han encontrado que el sistema inmunitario puede tardar entre dos y tres años en recuperarse por completo. Esto significa que, durante ese tiempo, los niños pueden ser más susceptibles a otras infecciones, incluso a aquellas contra las que antes estaban protegidos. Un estudio publicado en Science encontró que niños no vacunados que contrajeron sarampión perdieron entre el 11 % y el 73 % de sus anticuerpos, aumentando su riesgo de sufrir enfermedades como neumonía, gripe o infecciones bacterianas. Otra complicación grave es la panencefalitis esclerosante subaguda (SSPE), una enfermedad neurológica mortal que puede aparecer años después de una infección por sarampión. Una revisión que analizó los casos de sarampión en California entre 1988 y 1991 determinó que la SSPE afectó a 1 de cada 1.367 niños no vacunados menores de cinco años. Por estos mismos motivos, los expertos creen que la vacunación contra el sarampión ayuda a su vez a reducir la incidencia y la mortalidad en sí tanto del propio sarampión como de otras infecciones.

El segundo estudio nacional de seroprevalencia, realizado en 2018, ya había detectado una menor presencia de anticuerpos en adultos jóvenes de entre 20 y 29 años. Este grupo, que no siempre tiene al día su cartilla vacunal y que suele viajar con frecuencia, representa una de las principales brechas inmunológicas del país.

La OMS insiste en que la única manera de recuperar el estatus de país libre de sarampión es mantener coberturas superiores al 95 % con ambas dosis y no bajar la guardia. Y aunque España está lejos de una situación de emergencia sanitaria, el riesgo de brotes seguirá latente mientras haya grupos sin vacunar.

El caso español no es único. Otros cinco países europeos han perdido también su estatus de eliminación en el último año, y en total, el sarampión circula ya de forma persistente en 13 países del continente. Incluso en la Región de las Américas, que había logrado erradicar la enfermedad, se ha vuelto a detectar transmisión endémica.

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En este contexto, la pérdida del estatus no es solo una llamada de atención para las autoridades sanitarias. También lo es para la ciudadanía. La eliminación del sarampión no es un logro irreversible. Requiere vigilancia, responsabilidad y una confianza firme en la ciencia y en las vacunas.