La versión biológica de piedra, papel o tijera: el juego evolutivo que decide el color de los lagartos

Un nuevo síndrome dominante está rompiendo el equilibrio evolutivo entre colores de lagartos que se mantenía estable desde hace millones de años. Esta investigación revela cómo desaparece la diversidad.
Fuente: ChatGPT

En ciertos paisajes del sur de Europa, el color de un lagarto puede ser la clave de su éxito o su desaparición. Lo que a simple vista parece solo una cuestión estética es, en realidad, una señal de su estrategia reproductiva. Un equipo internacional de investigadores ha descrito cómo las combinaciones de colores en los machos de varias especies de lagartos funcionan como un sistema biológico comparable al juego de piedra, papel o tijera, donde cada color representa una táctica distinta y compite con las otras por sobrevivir. Pero algo está alterando las reglas del juego.

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Tres estudios publicados recientemente en la revista Science han abordado este fenómeno desde distintos ángulos. Uno de ellos analiza cómo una variante dominante está amenazando la diversidad cromática en los lagartos de pared comunes (Podarcis muralis). Otro investiga los mecanismos genéticos que permiten mantener o perder esta variedad en los lagartos manchados laterales (Uta stansburiana). En conjunto, ofrecen una mirada profunda a los equilibrios evolutivos que sostienen la biodiversidad y cómo esta puede desaparecer cuando irrumpe un nuevo rasgo más ventajoso que rompe el sistema.

Ilustración del juego evolutivo tipo piedra papel o tijera en lagartos donde los morfos naranja azul y amarillo se imponen unos a otros mediante distintas estrategias reproductivas Fuente Ammon Corl

Un sistema evolutivo basado en el equilibrio de fuerzas

Desde hace millones de años, las poblaciones de Podarcis muralis han mostrado una diversidad de colores en la garganta de los machos: blanco, amarillo y naranja. Esta variación no era decorativa. Cada color corresponde a una estrategia reproductiva diferente, y su presencia equilibrada se mantiene gracias a un sistema de competencia circular. En este juego natural, el color naranja domina al azul, el azul al amarillo y el amarillo al naranja.

Este patrón se conoce como selección «balanceada«. Al no haber un color claramente superior, las distintas estrategias se regulan entre sí, lo que permite la coexistencia estable de varios morfos. Durante seis millones de años, esta dinámica ha conservado la diversidad cromática de la especie, incluso en entornos muy diversos y bajo distintas presiones ambientales.

Sin embargo, el estudio liderado por Tobias Uller ha documentado un cambio brusco en este equilibrio. Se ha identificado una expansión del llamado» síndrome nigriventris«, una combinación de rasgos físicos y conductuales que incluye una espalda de color verde brillante y una mayor agresividad social. Este nuevo fenotipo, que se ha propagado desde poblaciones italianas, desestabiliza el sistema e impone una nueva jerarquía evolutiva.

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El síndrome nigriventris: una amenaza para la diversidad de colores

El síndrome nigriventris no representa solo un cambio de color, sino un conjunto de rasgos ventajosos que incluyen dominancia social, mayor tamaño y éxito reproductivo. Según el estudio, estos individuos muestran una fuerte ventaja en la competencia por el territorio y el apareamiento, lo que genera un proceso de sustitución de los antiguos morfos.

Los investigadores describen cómo, en las poblaciones donde se ha expandido este síndrome, los morfos amarillos y naranjas están desapareciendo rápidamente. La causa no es solo genética, sino también comportamental. Los machos con el síndrome nigriventris compiten de forma más agresiva, lo que reduce las oportunidades reproductivas de los demás morfos.

Como explican los autores, “la llegada de un fenotipo novedoso puede interrumpir la selección balanceada, proporcionando un vínculo directo entre la evolución fenotípica rápida y la pérdida de polimorfismos de color”. Es decir, la irrupción de un solo rasgo nuevo puede desencadenar un colapso de la diversidad que se había mantenido estable durante millones de años.

Lagartos que cambian de color para adaptarse

Mientras que en Podarcis muralis la diversidad está en retroceso, el caso de Uta stansburiana ofrece un matiz distinto. En esta especie norteamericana, los machos también presentan tres colores principales de garganta —naranja, azul y amarillo— cada uno asociado a una estrategia reproductiva: dominancia agresiva, defensa de pareja y sigilo reproductivo, respectivamente.

Durante años se pensó que cada color respondía a una versión distinta de un solo gen. Pero el estudio dirigido por Ammon Corl ha revelado algo más complejo. En realidad, solo existen variantes genéticas para naranja y azul. El amarillo no es una tercera variante genética, sino un estado alternativo que algunos lagartos adoptan cuando no pueden competir eficazmente como naranjas o azules.

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Esto indica que ciertos individuos tienen una capacidad de plasticidad fenotípica, es decir, pueden cambiar su color y su estrategia de comportamiento en función de su contexto social y su fuerza relativa. Esta flexibilidad aumenta la estabilidad del sistema y reduce el riesgo de que uno de los colores desaparezca por completo.

Como afirman los autores: “Nuestros hallazgos amplían el potencial del juego de piedra, papel o tijera para mantener la biodiversidad, al reconocer que las estrategias plásticas pueden formar parte del sistema y promover su estabilidad”.

Simulaciones que explican la permanencia o pérdida de los colores

Para entender mejor cómo estos mecanismos afectan a largo plazo la diversidad, los investigadores realizaron simulaciones por ordenador que muestran la evolución de los colores bajo diferentes condiciones. En el caso de los lagartos manchados laterales, la posibilidad de cambiar de color introdujo una variable crucial.

Las simulaciones demostraron que, incluso si solo existen dos variantes genéticas (para naranja y azul), la presencia de estrategias plásticas como el cambio al amarillo permite conservar la diversidad funcional del sistema. Esta capacidad de adaptación aumenta la resiliencia del juego evolutivo, haciendo más difícil que un solo color se vuelva dominante o desaparezca.

En cambio, en Podarcis muralis, donde el nuevo fenotipo nigriventris actúa como un “superganador” del juego, las reglas circulares se rompen, y la diversidad desaparece. La simulación de este proceso muestra una tendencia clara hacia la homogeneización de los rasgos, lo que conlleva una pérdida significativa de la variación adaptativa a largo plazo.

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Cuando la evolución cambia las reglas

Los estudios combinados ofrecen una conclusión poderosa: los sistemas evolutivos que sostienen la biodiversidad pueden ser estables durante millones de años, pero son vulnerables a cambios rápidos e intensos. Un nuevo rasgo —más competitivo, más atractivo, más eficiente— puede romper una dinámica ancestral y borrar variantes que habían coexistido durante eras.

Lo que está ocurriendo con estos lagartos no es un caso aislado, sino un ejemplo más de cómo los equilibrios evolutivos pueden romperse por presiones internas (como una mutación exitosa) o externas (como el cambio climático o la introducción de especies invasoras). La biodiversidad, incluso cuando parece consolidada, puede desaparecer con rapidez si se alteran las reglas del juego.

En este caso, el juego de piedra, papel o tijera sigue siendo una metáfora útil para entender la dinámica de la evolución. Pero como muestran estos estudios, cuando aparece un cuarto jugador con una estrategia ganadora universal, el juego deja de ser un ciclo y se convierte en una eliminación.

Referencias

  • Tobias Uller et al, Adaptive spread of a sexually selected syndrome eliminates an ancient color polymorphism in wall lizards, Science (2026). DOI: 10.1126/science.adx3708Ammon Corl et al, The genetics, evolution, and maintenance of a biological rock-paper-scissors game, Science (2026). DOI: 10.1126/science.adw8265
  • Siddharth S. Gopalan et al, Divergent destinies of polymorphism, Science (2026). DOI: 10.1126/science.aed4903