Un esqueleto de 5.500 años en Colombia revela que la sífilis ya circulaba en América milenios antes del contacto europeo

La bacteria que causa la sífilis podría haber convivido con los humanos miles de años antes de lo que se pensaba, según un hallazgo en la Sabana de Bogotá que cambia lo que sabíamos sobre el origen de esta enfermedad.
Arqueólogos hallan en la Sabana de Bogotá un esqueleto con una bacteria ancestral de la sífilisArqueólogos hallan en la Sabana de Bogotá un esqueleto con una bacteria ancestral de la sífilis
Arqueólogos hallan en la Sabana de Bogotá un esqueleto con una bacteria ancestral de la sífilis. Foto: Istock

Durante décadas, el origen de la sífilis ha sido uno de los misterios más debatidos de la historia médica y arqueológica. ¿Fue una enfermedad que viajó de Europa a América, o fue América su cuna y Europa su víctima tras la llegada de los conquistadores? Ahora, un descubrimiento realizado en Colombia podría inclinar definitivamente la balanza hacia la segunda opción y cambiar, de paso, nuestro entendimiento sobre la evolución de las enfermedades infecciosas en las primeras sociedades humanas.

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Un equipo internacional de científicos ha logrado recuperar y secuenciar el genoma más antiguo conocido de Treponema pallidum, la bacteria responsable de la sífilis y otras enfermedades relacionadas como el pian y el bejel. Lo sorprendente es que este hallazgo proviene de los restos de un individuo enterrado hace unos 5.500 años en un abrigo rocoso del sitio arqueológico Tequendama I, en la Sabana de Bogotá, un altiplano andino al norte de Colombia. Los detalles del estudio han sido publicados en la revista Science.

El esqueleto pertenecía a un cazador-recolector de mediana edad, que vivió miles de años antes de la llegada de los colonizadores europeos al continente. Lo notable es que sus huesos no mostraban signos visibles de treponematosis —como deformaciones óseas típicas de las fases avanzadas de la infección—, pero los análisis genéticos realizados en un fragmento de tibia revelaron la presencia de ADN de Treponema pallidum. Esto demuestra que la infección estaba allí, oculta, pero activa.

Este descubrimiento no solo representa la evidencia genética más antigua de esta bacteria en humanos, sino que también sugiere que la diversidad de cepas de Treponema ya existía en el continente americano miles de años antes de que se produjera el primer brote documentado de sífilis en Europa, hacia finales del siglo XV. Según el análisis filogenético realizado por los investigadores, la cepa encontrada —denominada TE1-3— se separó del resto de linajes conocidos hace unos 13.700 años, posiblemente durante el final del Pleistoceno o comienzos del Holoceno.

La implicación es enorme: Treponema pallidum ya se encontraba en circulación en poblaciones humanas americanas desde una época muy temprana, lo que desmonta las versiones más eurocéntricas que atribuían la aparición de la sífilis al Viejo Mundo. Lejos de ser una consecuencia del intercambio transatlántico del siglo XV, esta enfermedad podría haber acompañado a los primeros pobladores del continente en su migración por América, mutando y adaptándose a diferentes contextos sociales, ambientales y climáticos.

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Hasta ahora, los estudios genéticos más antiguos sobre esta bacteria databan de aproximadamente 1.000 años en el pasado, con muestras procedentes de Chile y Brasil. El genoma colombiano no solo es mucho más antiguo —alrededor de 3.000 años más viejo— sino que proviene de un contexto preagrícola, lo que lo hace aún más interesante. Las hipótesis actuales sobre la aparición de enfermedades infecciosas suelen relacionarlas con el sedentarismo y la agricultura intensiva, pero este caso sugiere que ya en comunidades móviles de cazadores-recolectores existían condiciones favorables para su persistencia y evolución.

La zona donde fue encontrado el esqueleto, Tequendama I, ha sido excavada durante décadas y presenta una larga secuencia de ocupación humana, con enterramientos que se remontan hasta hace 10.000 años. En el contexto en que se halló este individuo, los grupos humanos eran pequeños, nómadas y mantenían una relación estrecha con su entorno natural, lo que también incluía la caza de animales como roedores y conejos. Curiosamente, hay otra especie de Treponema, T. paraluisleporidarum, que infecta exclusivamente a los lagomorfos, y los investigadores también detectaron trazas genéticas relacionadas con ella. Esto abre la posibilidad de un intercambio zoonótico en algún momento de la evolución de estas bacterias.

A pesar de la antigüedad del genoma, los análisis indican que la cepa TE1-3 conservaba una gran parte de los genes asociados a la virulencia de las cepas actuales. Es decir, tenía potencial para provocar enfermedades sistémicas, aunque es imposible saber con certeza si se transmitía por contacto sexual, como la sífilis moderna, o si tenía un comportamiento más parecido al pian o al bejel, que se contagian por contacto piel con piel.

Lo que sí queda claro es que esta cepa pertenece a un linaje hoy desaparecido o no muestreado en la actualidad, lo que invita a reflexionar sobre la enorme diversidad microbiana que existió en el pasado y que, en muchos casos, no ha dejado rastro visible en los huesos. Hasta ahora, la mayor parte de los estudios paleogenómicos sobre treponematosis se habían centrado en restos con evidencias esqueléticas de la enfermedad. Este nuevo enfoque —analizar restos sin patologías visibles mediante técnicas de secuenciación masiva— amplía de forma drástica el tipo de restos que pueden aportar información relevante.

La colaboración entre investigadores internacionales y colombianos fue esencial para garantizar un tratamiento ético y contextualizado del hallazgo, que toca aspectos delicados de la historia médica y cultural de las comunidades indígenas americanas. Este tipo de estudios, enmarcados dentro de la paleogenómica, no solo permiten reconstruir el pasado, sino también entender cómo ciertos patógenos se han adaptado y diversificado en función de las condiciones ecológicas y sociales humanas.

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Todavía quedan muchas preguntas por responder. ¿Cuántas otras cepas de Treponema han existido y se han extinguido sin dejar huella? ¿Es posible que otras formas arcaicas de esta bacteria hayan provocado síndromes clínicos distintos a los actuales? ¿Podría el ancestro de la cepa colombiana estar relacionado con T. carateum, el agente del pian, que hasta ahora nunca ha sido secuenciado?

Este hallazgo no resuelve por completo el enigma de los orígenes de la sífilis, pero ofrece una nueva pieza clave en el rompecabezas. El pasado de esta enfermedad es mucho más antiguo, complejo y americano de lo que imaginábamos.