

Durante décadas, los yacimientos arqueológicos de Boxgrove, al sur de Inglaterra, han sido una ventana privilegiada al pasado más remoto de la humanidad en Europa. Pero lo que un equipo de investigadores británicos acaba de descubrir allí reescribe varios capítulos de nuestra prehistoria: un fragmento de hueso de elefante de unos 480.000 años de antigüedad que fue cuidadosamente tallado y empleado como herramienta para fabricar hachas de mano. Se trata de la herramienta más antigua hecha con hueso de elefante descubierta hasta ahora en Europa y una de las pocas de esta naturaleza halladas fuera de África.
El estudio, publicado recientemente en la revista científica Science Advances por los arqueólogos Simon A. Parfitt y Silvia Bello, revela no solo la sofisticación técnica de los primeros humanos en esta región, sino también su capacidad para adaptar recursos poco comunes —como un hueso de elefante— en un entorno hostil y cambiante.
Un hueso de elefante para fabricar cuchillas de piedra
La pieza, de forma triangular y de unos 11 centímetros de largo, fue hallada en una capa de sedimentos intermareales dentro del famoso enclave arqueológico de Boxgrove. Aunque fue descubierta en los años noventa, su función real ha salido a la luz ahora gracias al análisis microscópico, modelos 3D y pruebas químicas que han permitido identificar marcas de uso, impactos repetidos e incluso diminutos fragmentos de sílex incrustados en su superficie.
Estas señales confirman que el fragmento fue utilizado como un “retocador” o “percutor blando”: una herramienta con la que se perfilaban y afilaban cuchillas de piedra. Este tipo de instrumento era crucial para obtener filos precisos, especialmente en la fabricación de hachas de mano de tipo achelense, conocidas por su simetría y efectividad en tareas de corte, sobre todo en carnicería.
En otras palabras, no se trata de un simple hueso reciclado: fue modelado con intencionalidad, utilizado cuando aún estaba fresco —lo que evitaba que se astillara fácilmente— y probablemente transportado desde otro lugar, ya que en Boxgrove apenas se han encontrado restos de elefantes.
Tecnología avanzada para un mundo primitivo
Hace casi medio millón de años, el sur de Inglaterra era una región salvaje. Un paisaje frío, azotado por cambios climáticos constantes, en el que nuestros antepasados sobrevivían gracias a su habilidad para adaptarse. Lo que este descubrimiento pone sobre la mesa es que esa adaptación no era solo física, sino también mental: planificaban, seleccionaban materiales adecuados, dominaban técnicas complejas de talla lítica y eran capaces de transformar restos óseos en herramientas de precisión.
Las hachas de mano encontradas en Boxgrove —más de 450 en una sola zona conocida como “el manantial”, donde también se hallaron restos humanos— muestran un nivel de perfección inusual para su época. No eran piedras golpeadas al azar: estaban cuidadosamente diseñadas, con filos rectos y acabados mediante el uso de estos percutores blandos que, hasta ahora, rara vez habían aparecido en el registro fósil.
La aparición de esta herramienta orgánica sugiere que ya entonces los humanos dominaban un sistema de producción dual: usando primero martillos duros (de piedra) para las fases iniciales de talla, y después herramientas blandas (de hueso o asta) para los acabados finos. Este hallazgo demuestra que ese conocimiento ya existía en Europa hace casi medio millón de años.
¿Quiénes fueron los autores?
El uso de este tipo de herramienta, combinada con la calidad de los instrumentos de piedra fabricados, abre el debate sobre la identidad de los homínidos que habitaron Boxgrove. Aunque no se ha identificado con certeza su especie, las opciones más probables son los Homo heidelbergensis —considerados ancestros tanto de los neandertales como del Homo sapiens— o los primeros neandertales.
Ambos grupos poseían cerebros grandes, capacidades sociales avanzadas y una inteligencia adaptativa notable. Este tipo de hallazgos refuerza la idea de que los humanos de la Edad de Piedra eran mucho más sofisticados de lo que se suele pensar. Lejos de ser meros sobrevivientes primitivos, eran artesanos de herramientas y conocedores del entorno que les rodeaba.
Un hallazgo que no es casual
El hueso fue hallado en una capa geológica que forma parte del periodo interglaciar conocido como el Estadio Isotópico Marino 13, una fase relativamente templada dentro del Pleistoceno Medio. El lugar exacto, una zona de antiguos humedales alimentados por manantiales, funcionaba como un punto clave en la vida de estos grupos humanos. Allí cazaban, descuartizaban animales, recolectaban materiales y fabricaban herramientas.
Lo más sorprendente es que, pese a tratarse de un ecosistema rico en fauna, los restos de elefantes son prácticamente inexistentes en Boxgrove. De hecho, solo se han documentado 24 fragmentos óseos atribuidos a elefantes en todo el yacimiento, y la mayoría no muestra señales de intervención humana. Esto hace que el hallazgo cobre aún más valor, ya que implica que el hueso del que se extrajo la herramienta fue seleccionado y trasladado desde otro lugar. Su rareza sugiere que se trataba de un recurso valioso, posiblemente reutilizado en distintas tareas hasta quedar finalmente abandonado.
La llamada a buscar más
Este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre las habilidades de los homínidos europeos, sino que también lanza una advertencia: puede que herramientas similares hayan pasado desapercibidas en otros yacimientos. Al estar hechas de materiales orgánicos como hueso o asta, estas herramientas tienden a degradarse o ser confundidas con restos animales comunes. Por eso, los investigadores hacen un llamado a revisar otras colecciones con nuevas tecnologías, como el microscopio electrónico o los escáneres 3D.
El hecho de que una tecnología tan sofisticada como el uso de percutores blandos aparezca en Boxgrove hace medio millón de años sugiere que este conocimiento no surgió de la nada. ¿Dónde más se aplicó? ¿Qué otros yacimientos están esperando ser reinterpretados con ojos nuevos?
Un objeto pequeño que cambia muchas cosas
La herramienta de hueso de elefante hallada en Boxgrove es mucho más que un fósil curioso. Es una pieza de un rompecabezas mucho más amplio sobre la evolución humana, la transmisión del conocimiento y la innovación tecnológica en la prehistoria. Y sobre todo, es una prueba tangible de que nuestros ancestros no eran simples seres rudos y brutales, sino individuos ingeniosos, capaces de planificar, elegir materiales raros y convertirlos en herramientas complejas para sobrevivir.
A veces, los objetos más humildes son los que nos obligan a reescribir la historia.