

Cada vez que una persona abre la boca para hablar, está improvisando. Lo hace sin pensar en las reglas exactas que rigen la gramática ni en estructuras formales, y sin embargo, logra comunicarse con precisión. ¿Cómo es posible que produzcamos frases nuevas constantemente sin recurrir a un conocimiento consciente de las reglas gramaticales? Una nueva investigación sugiere que, tal vez, el lenguaje humano no sea tan complejo como lo creíamos.
Desde hace décadas, la lingüística ha sostenido que la capacidad del ser humano para construir oraciones se basa en estructuras jerárquicas internas, parecidas a un árbol gramatical. Pero un reciente estudio publicado en Nature Human Behaviour propone una visión distinta: quizás el lenguaje funcione más bien como un juego de piezas prefabricadas, que se ensamblan en secuencias comunes y familiares. Si esto es así, podría cambiar lo que sabemos sobre cómo hablamos, aprendemos y entendemos el lenguaje.
Un sistema mental sorprendentemente flexible
Los humanos tenemos la capacidad de generar frases nunca dichas antes. Esta flexibilidad lingüística ha sido explicada durante mucho tiempo como el resultado de una gramática interna compleja, capaz de organizar palabras en estructuras profundas. Sin embargo, el nuevo estudio, dirigido por Morten H. Christiansen y Yngwie A. Nielsen, plantea que tal vez esa explicación sea innecesariamente complicada.
Según los autores, las personas no se apoyan únicamente en reglas abstractas para construir oraciones. En cambio, utilizan con frecuencia secuencias lineales de palabras, que se repiten con gran regularidad en la comunicación cotidiana. Estas estructuras, aunque más simples, podrían ser igual de efectivas para transmitir significado.
Lo interesante es que muchas de estas secuencias no encajan del todo en las reglas tradicionales de la gramática. Por ejemplo, combinaciones como «en medio de la» o «quisiera saber si tú…» no forman lo que los lingüistas llaman “constituyentes”, es decir, unidades gramaticales completas que tienen sentido por sí mismas. A pesar de ello, estas expresiones se usan de forma continua y natural en la comunicación cotidiana, lo que sugiere que el cerebro las procesa como bloques con significado propio, más allá de las reglas estrictas de la gramática.

Adiós al árbol gramatical, bienvenidos los bloques de construcción
La teoría lingüística tradicional, muy influida por el modelo generativo de Noam Chomsky, defiende que las oraciones se construyen de manera jerárquica. En este modelo, cada oración se descompone en partes más pequeñas, como ramas de un árbol. Por ejemplo, en la frase “Ella comió el pastel”, “el pastel” forma un sintagma nominal que se combina con “comió” para crear un sintagma verbal, y así sucesivamente.
Pero Christiansen y Nielsen proponen una alternativa más sencilla: tal vez el lenguaje funciona como un ensamblaje de piezas familiares, del mismo modo que se construyen figuras con bloques de LEGO. En lugar de crear una estructura desde cero usando reglas, los hablantes usarían fragmentos conocidos que ya encajan entre sí y que han sido usados antes en contextos similares.
Esta idea puede parecer poco revolucionaria, pero pone en duda uno de los pilares fundamentales de la lingüística moderna. Si los hablantes se basan más en la repetición de patrones que en reglas abstractas, entonces los modelos de lenguaje deben adaptarse para reflejar esa realidad. Además, el lenguaje dejaría de parecer una habilidad exclusivamente humana, y pasaría a entenderse como un proceso más cercano a otras formas de comunicación animal.
¿Qué son las secuencias no constituyentes?
Una de las claves del estudio está en lo que se conoce como secuencias no constituyentes. Se trata de combinaciones de palabras que no forman unidades gramaticales completas, pero que los hablantes utilizan de manera habitual al comunicarse. Expresiones como “estaba en el” o “se preguntó si tú…” aparecen con mucha frecuencia en el habla cotidiana, aunque no encajan del todo en el marco gramatical tradicional que describe la estructura de las oraciones. Aun así, su uso constante indica que el cerebro las reconoce y maneja como fragmentos funcionales del lenguaje, más allá de las reglas formales de la sintaxis.
Los autores del estudio realizaron distintos tipos de análisis para demostrar que estas secuencias sí forman parte del conocimiento lingüístico de los hablantes. En uno de los experimentos, usaron un sistema de seguimiento ocular (eye-tracking) para observar cómo las personas leen o escuchan frases que contienen estos patrones. El resultado fue claro: cuando una persona se encuentra con una secuencia no constituyente que ya ha oído antes, la procesa más rápido que una secuencia nueva.
Esto sugiere que el cerebro no solo reconoce estas estructuras, sino que las almacena como fragmentos útiles y recurrentes. Como explican los investigadores, “las reglas tradicionales de la gramática no pueden capturar todas las representaciones mentales de la estructura del lenguaje”.

Implicaciones para la evolución y el aprendizaje del lenguaje
El estudio no se limita a proponer un modelo alternativo. También abre la puerta a nuevas preguntas sobre cómo aprendemos y usamos el lenguaje. Si los patrones lineales y repetitivos tienen un papel tan importante, podría explicarse por qué los niños pequeños aprenden a hablar antes de comprender las reglas gramaticales. Simplemente imitan y repiten lo que oyen con más frecuencia.
Este enfoque también podría mejorar la enseñanza de segundas lenguas. En lugar de centrarse exclusivamente en reglas y excepciones, los métodos educativos podrían dar más peso al aprendizaje de secuencias comunes y frases hechas, lo cual reflejaría mejor cómo funciona el lenguaje en la práctica real.
Además, la propuesta plantea una pregunta inquietante: ¿y si el lenguaje humano no es tan único como creíamos? Si no depende de una sintaxis jerárquica compleja, sino de estructuras más planas y repetitivas, entonces la distancia entre nuestra forma de comunicarnos y la de otros animales podría ser más corta de lo que se pensaba. Como señalan los autores, “esto podría significar que la distancia entre el lenguaje humano y otros sistemas de comunicación animal es mucho menor de lo que se creía”.
Más allá de la gramática
Lo que plantea esta investigación es, en esencia, un cambio de paradigma. Durante más de medio siglo, los lingüistas han trabajado bajo la idea de que comprender el lenguaje era entender su gramática. Pero si este estudio está en lo cierto, la gramática no es el único pilar de nuestra capacidad lingüística, y quizá tampoco el principal.
El lenguaje podría verse entonces como un conjunto de herramientas prácticas que usamos en función de la experiencia y la repetición. No se trata solo de saber cómo funciona una regla, sino de reconocer patrones, memorizar fragmentos útiles y aplicarlos en el momento adecuado. Esta forma de entender la comunicación es más flexible, más dinámica y, sobre todo, más cercana a cómo realmente hablamos.
Si esta perspectiva gana terreno, no solo transformará los estudios sobre lenguaje. También afectará al desarrollo de inteligencia artificial, al análisis de conversaciones cotidianas, e incluso a la forma en que concebimos la creatividad lingüística.
Referencias
Yngwie A. Nielsen y Morten H. Christiansen. Evidence for the representation of non-hierarchical structures in language. Nature Human Behaviour, 21 de enero de 2026. DOI: 10.1038/s41562-025-02387-z.